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Garbayo: “Sonido forestal” (Oso Polita)

Si el contexto íntimo de un autor es con toda lógica determinante en el resultado final de su obra, en muchas ocasiones el entorno ambiental al que está sometido también puede adquirir una cierta transcendencia en su definición. Tal parece ser el caso de “Sonido forestal”, disco que marca el inicio del proyecto en solitario emprendido por Ignacio Garbayo, quien fuera líder de la banda procedente de Getxo Zodiacs y en la actualidad residente en plena Sierra de Gredos, alejado del mundanal ruido, por lo visto ámbito idóneo para (re)activar su cerebro a base de electricidad y ritmos vitaminados.

Constituido en formación de cuarteto, en el que se dan cita viejos “zodiacos” (Lander Moya) junto a miembros procedentes de otras bandas (Pit Idoyaga y Javier Estrugo), esta andadura comparte bisoñez con el sello que le cobija, Oso Polita, surgido sin embargo de la mano de la poderosa promotora Last Tour. Un organigrama que se completa en los estudios Garate con el siempre fiable productor Kaki Arkarazo, en quien probablemente algo de responsabilidad recaiga en cuanto a la consolidación del sonido encomendado al álbum, donde se prescinde de cualquier efectismo y artificiosidad para aplicar una sobriedad que aporta una naturalidad muy destacable y representativa.

La mejor manera de encender la mecha de esta corta y concisa colección de temas, diez canciones en poquito más de media hora, es con una composición como “Nitroglicerina”, que al margen del juego de palabras resulta por su carácter idónea para ello. De esta manera queda ya expuesto de forma sobresaliente lo que será un recurrente power pop infeccioso, en la tradición más guitarrera impuesta por The Nerves o The Real Kids, al que sin embargo se le aplica un punto melancólico, atributo directamente relacionado con la temática dominante del trabajo, convertido casi en una concatenación de episodios fallidos de pareja entre los que disimular otras reflexiones.

La atmósfera más predominantemente sentimental adquirirá trazas evidentes incluso entre la contundencia eléctrica de “Busca entre la basura”, medio tiempo nutrido de la nostalgia latente en bandas como La Granja o 091. La persistencia de esos matices orientados a resaltar formalmente el lado intimista coincidirá con la enfatización del acento pop, tratado con exquisitez en el transitar desde lo vaporoso a lo descarado en la nada disimulada displicencia hacia la “caja tonta” que contiene “En la televisión”, bajo la subyugante capacidad armónica a lo Beach Boys (“En el bosque”), o lo que parece un homenaje a esas bandas hispanas de los años sesenta practicantes del género en “Soy un cerdo”.

Todo ello se configura como un crisol de jugosos detalles que agrandan el poder de un disco que por otro lado, como quedó expresado al principio, prioriza el nervio -controlado, eso sí- y los ritmos vibrantes, características que lucirán en el auténtico monumento de espíritu adrenalítico que es “Huye del monstruo”, en el rock and roll al que incita, a medio camino entre los mismísimos Stones y The Knack, “¡Muévete!”, o en los asaltos a la new wave de la mano de “Te dejaré atrás”. Así, entre arranques vitamínicos y sensibilidad melódica, se escribe un trabajo de debut -por veteranos que sean sus artífices- que en su sencillez esconde la grandeza que tantas veces contiene la aparente simplicidad.

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