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James Room: «Me he mirado en suficientes espejos como para saber ya que no necesito ninguno».

Fotografía: Pic by Leo Doe

La primera vez que vi a James Room pensé que era un guiri. Larga menela, extensa barba y ese gorro que protege esa fabrica de composiciones que tiene por cabeza. Luego ya me explicaron que no, que era un artista local. Eso sí, enamorado de la música de raíz americana. Por ello, en sus conciertos nos podemos encontrar con el rock y sumergirnos en el blues, roots, grunge, swing… Un artista que transmite lo mejor rock americano, una trayectoria que le ha llevado a buscar su hueco en los escenarios. Hemos charlado con él para que que nos explique más sobre su carrera y proyectos.

¿Quién es James Room?

Es mi yo más real y más libre. Es donde me refugio para no esconderme. Quien habla por mí y canta lo que pienso y siento. Básicamente, soy yo.

James Room es tu nombre artístico ¿por qué ese nombre?

Cuando era pequeño tenía la necesidad de estar mucho conmigo mismo y en un lugar que sintiera seguro. Ese lugar era mi habitación. Mi centro de imaginación y creación, mi camerino, mi local de ensayo y juego y el lugar donde aprendí a mirar con los ojos cerrados sin tener que cerrarlos. En la puerta había una placa que rezaba “James’ Room”. Así que supuse que ese era mi nombre.

Fotografía: Dave Blanco

¿Qué te llevó a tomar el camino de la música?

Supongo que fue la lógica y la coherencia conmigo mismo. La música forma parte de mi vida desde siempre. En mi casa siempre se escuchaba mucha música y yo lo tomaba ya como una forma de lenguaje, un idioma más pero mucho más completo que cualquier lengua simplemente hablada. Estaba todo el día cantando y soñaba con escenarios. La primera vez que me propuse aprender a tocar la guitarra fue tan solo para poder acompañarme la voz y componer canciones. Mi innata inseguridad me llevó a pensar quizás que mis canciones no estaban preparadas para salir de casa y decidí intentar dedicarme profesionalmente a otra cosa aunque sin perder nunca de vista las tablas. El teatro fue una gran escuela y una gran guerra. Además me enseñó que mi voz y mis canciones valían la pena. Lo sigo creyendo. Y por eso sigo aquí. Intentando derribar muros y encontrar ventanas donde las puertas se cierran.

Fotografía: Dave Blanco

Tienes ya unos cuantos años de trayectoria en la que has estado en solitario, con Angry Red por los garitos de Madrid y de nuevo aquí en Bilbao con Weird Antiqua. ¿Cómo defines el bagaje de todos estos años?

Angry Red, mi gran amigo Pere Mallén (acaba de sacar discazo, no digo ná y lo digo tó), fue mi primer punto de apoyo en la selva madrileña. El primer músico que se atrevió y confió en mí para salir a los escenarios. Aprendí a soñar grande siendo diminuto. Eso se lo agradeceré toda la vida. Trabajé también con otros músicos, como Adán Rain Dog Arsuaga o Rubén Chopín Cuadrado, de los que aprendí mucho. Madrid fue un buen banco de pruebas. Al llegar a Bilbao encuentro en mis Weird Antiqua el desafío de ir más allá. De hacer más caso a la canción que a las limitaciones autoimpuestas. Es por eso que con Iñigo López, Gabriel León (Gabo Brown) y Aitor Zorriketa (The Malamute) empiezo a trabajar pensando siempre más allá. Ahora que tenemos la frescura de Asier Kid Gallego en la banda espero seguir yendo un pasito más allá cada día. Si el bagaje no se traduce en aprendizaje es que estás haciendo algo mal.

¿Qué diferencias encuentras entre el James Room del principio y el actual?

Creo que la diferencia principal puede ser que ahora soy más yo que nunca. Me he mirado en suficientes espejos como para saber ya que no necesito ninguno. He dejado de preguntarme si no sé quién lo haría de esta u otra manera. Ahora ya me da bastante igual. ¿Cómo lo haría yo? Ahí está la clave. Hay muchas barreras propias que han derribado el tiempo y la experiencia.

Supongo que será algo que se refleja en “Weird Antiqua” y en “Honest man blues” tus dos discos publicados.

Eso espero, la verdad. Aunque queda mucho por mostrar. Me gusta pensar que de WA a HMB hay una evolución que va más allá del cómo suena cada uno. Pero si te soy sincero no me paro mucho en ello. Lo hecho, hecho está. En cuanto doy por terminado algo intento centrarme en lo siguiente.

Fotografía promocional single «El Extranejero»

¿Para cuándo un tercer disco? Aunque tal y como está la situación no será fácil ponerse fechas.

Es cierto. Es muy complicado ponerse fechas ahora mismo. Pero no por eso podemos dejar de trabajar. Tengo muchísimo material ya que me quema en las manos para un próximo disco. Espero poder encontrar la manera de mostraros todo lo que pueda este año. No sé si se podrá sacar un disco propiamente dicho estando las cosas así de torcidas pero encontraré algún modo. Hay canciones que tengo que soltar ya. Me urge muchísimo.

De momento, mientras esperamos ese nuevo trabajo, nos has ido regalando una serie de singles cada cual más interesante.

Te lo agradezco mucho. Hemos tenido la increíble suerte de que, para cuando el mundo dio el volantazo en el que todavía estamos, acabábamos de terminar de grabar unas cuantas canciones que en su momento concebimos como entremeses hasta el próximo largo. Dada la situación y la incertidumbre tuvimos que mutar un poco los planes y pensamos que cada uno tenía la suficiente personalidad como para ser lanzado como single independiente. Trabajar en tres de ellos con Iñaki Uoho Antón, aparte de haber sido una experiencia increíble, nos ha ayudado a que se nos escuche fuera de nuestros límites habituales. Y el mero hecho de que el mismísimo Enrique Bunbury compartiera nuestra versión de su “El Extranjero” en sus redes sociales nos ha abierto muchas puertas en México, donde se nos ha empezado a escuchar y nos están mandando muchas muestras de cariño.

¿Formará alguno (o todos) parte del nuevo álbum?

No es la idea. No son adelantos de un próximo lanzamiento, vaya. Ya te digo que hay muchas cosas que me queman en las manos como para restarles un lugar por algo que, en realidad, ya está ahí. Así que lo dudo mucho.

Fotografía: Samuel García

Da la sensación de que en cada álbum o cada canción que presentas descubres una faceta sonora tuya desconocida. ¿Te gusta arriesgar y salir de tu zona de confort musical?

Me gusta escuchar la música que hago. Hasta que acabo de ella hasta las narices en los procesos de mezcla y demás y luego he de dejar pasar un tiempo hasta que me apetece de nuevo. Y me encanta tocar esas canciones. Así que no sé muy bien si me gusta arriesgar o lo que pasa es que no me gusta aburrirme. Intento hacer canciones que me gustaría escuchar y escucho música bastante variada así que procuro no cerrarme mucho a la hora de seleccionar o dejar salir posibles ideas. Además es muy divertido retarse a uno mismo.

¿Nos sorprenderá el próximo disco?

Ojalá lo supiera. Supongo que a algunos sí y otros se convencerán de que no. Me gustaría que lo hiciera en cierto modo. Que el oyente se encontrara tanto cosas familiares como sorprendentes. Saldremos de dudas en su debido momento.

Hace poquito estrenabas un temazo. Me refiero al cover que has hecho del tema de Bunbury, “El Extranjero”. ¿Cómo surgió la idea?

Gracias. La idea viene de bastante atrás. El hacer esta canción estaba pensado para un concierto benéfico que estábamos preparando para finales de 2019. Iba a ser un bonito concierto para recaudar fondos para la ayuda al refugiado así que pensamos en hacer algo especial en ese evento y hacerlo por primera vez en castellano para que el mensaje llegara donde debía llegar sin ningún obstáculo. Esta canción era la apropiada, sin duda. La preparamos con mucho cariño para hacerla en formato acústico y con unas bonitas cuerdas. Pero después de mucho trabajo, debido a la falta de apoyos reales y al hecho ya cansino de que nadie crea en ti a no ser que tengas ya un nombre escrito con letras enormes y puedas así engrandecer inmediatamente el suyo, todo se fue por la borda. Eso me llevó a un cabreo monumental, como podrás comprender. Ese cabreo me hizo sentarme con mi compadre Gabo y planificarlo bien. Tanto trabajo no podía quedar en nada y estábamos empeñados en sacarlo adelante y llevarlo al estudio. Llamamos a Nerea Alberdi para que se encargara de los arreglos de cuerda y fue todo un acierto. Una maravilla. Unos cuantos amigos de la BOS (Orquesta Sinfónica de Bilbao) se prestaron a tocarlos y lo hicieron de manera sublime. Todo ello lo registramos en los estudios Tío Pete con nuestros amigos de Beard Studios y José Lastra a los mandos. Un lujazo en toda regla, vaya, y así suena (aunque esté mal que yo lo diga).

¿Qué le pides a este 2021?

Que el pánico y la locura no rijan el planeta. Ah, y que nos dejen tocar. Echo de menos la magia.

 

 

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Edu Gascón
Periodista y fotógrafo. Colaborador en ORPHEO y desde hace años en esta web. Subdirector y coordinador de contenidos.

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