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Lagartija Nick (+ Anita Parker /Stage, Bilbao, 02/02/2018): Arraigo elevado

Un concierto que empieza con alguien del público gritando: “¡Arráncanos del suelo!” no puede decepcionar. Y no lo hace. Lagartija Nick regresa a sus orígenes con una formación original en estado óptimo de madurez. El cantante, bajista e indiscutible maestro de ceremonias Antonio Arias reúne a Eric Jiménez (batería), Juan Codorniu y Miguel Ángel Rodríguez Pareja (guitarras), más JJ Machuca a los teclados. Todos ellos están acusados de Crimen, Sabotaje y Creación (Universal, 2017). Culpables de todo, sobre todo del último delito (triste metáfora quizá, porque para algunos crear y expresarse es algo ciertamente punible…).

Tras unas introductorias y alentadoras “Analema” y “La Ira de Noviembre”, rebobinan hasta 2004, con “Lo Imprevisto”, que suena feroz y despiadada. “Al volverme hacia atrás, libre de culpa…”.

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Con sus aires de Leonard Cohen granaíno, Arias aclara que están, “digamos, promocionando” su más reciente trabajo. Un imbatible Eric Jiménez, pluriempleado en esta jornada en la que también ha estado firmando su autobiografía –Cuatro millones de golpes (Plaza & Janés)-, se luce a la batería en “Mapa de Canadá”, lo que provoca una petición espontánea popular: “¡Deja Los Planetas!”.

“La Soledad Es Política” dibuja sombras chinescas, un canto inspirador a las “raíces sublevadas”. Poco después, otro espontáneo –o quizá el mismo-, grita: “¡El silencio es político!”. Nos rodea un aura de poesía ferviente, y sólo podemos liberarnos de una manera: ardiendo.

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Juan Codorniu se pasa a la voz en “Nuda Vida”, pero Arias acaba apropiándose de ella, indefectible. Confundidos con la “Estratosfera” (temazo de 1995), qué bien sienta la oscuridad… “Agonía, Agonía” es una canción “necesaria”, en palabras del cantante. También es un disparo certero. Un zarpazo indeleble de principio a fin. Un final que, lejos de agónico, es delirante (y letal).

La fiereza de Codorniu contrasta con la sobriedad de Pareja, que apenas se inmuta, tan concentrado. Suenan muy bien. Clarividentes. Arias termina los temas con un amago de desmayo, señal de haber puesto toda la intención en cada letra. De “Agonía, Agonía” a “Europa, Europa”, un tema que habría que poner a todo volumen en Estrasburgo y demás lares.

Actualidad política al margen, la poesía está presente en todo momento, desde Lorca al inconformismo punk de Strummer. Arias evoca a su hermano Jesús, fallecido en 2015, y relata la ocasión en que éste y su gran amigo Strummer se lanzaron, “botella en mano”, a la búsqueda del cuerpo del poeta. Tras esta entrañable anécdota, tocan una vitalista “Strummer”, todo un homenaje al sonido Clash. Arias y Codorniu se sonríen cómplices cuando el primero canta: “Enamorado de Granada…”.

Intro demoledora para “La Leyenda de los Hermanos Quero”, una conmovedora historia de los años 40, con unos “maquis urbanos” como protagonistas. Puro sentimiento y arte, quejío flamenco heterodoxo, en clara estela de “Omega”. Morente es otro de los ausentes-presentes de esta noche, con una interpretación estridente de “Vuelta de Paseo”. Enorme Arias al entonar: “Asesinado por el cielo…”, al que le sigue una coda hipnótica.

Arias se gira hacia Jiménez, que apenas tiene tiempo de secarse el sudor de la frente. Nos esperan temas incontestables como “Tan Raro, Tan Extraño, Tan Difícil” o el clásico imperecedero “Nuevo Harlem”.

“Agur, eskerrik asko”. Primer amago de despedida. Regresan ipso facto para adentrarnos en una nueva (y conocida) dimensión: “Satélite”, para nostálgicos de la mejor escena de los 90. Nos venimos arriba, claro.

Arias se quita el sombrero, con gesto extenuado: “Ha sido intenso, ¿verdad?”. Apenas se han retirado del escenario y el público ya enarbola enérgico el “Beste bat!”. No se hacen de rogar. El cantante lanza un guiño: “Allá donde fueres…”. Así introduce al artista invitado y carnicero Nando Fausto, que les acompaña en la desquiciadora “Esa Extraña Inercia (Anfetamina)”.

No se puede finiquitar mejor una actuación intachable que a través de la joya insomne “Ciudad Sin Sueño”… O sí. Después de este trance, del que no queremos despertar, suena la música de fondo que indica el fin de la función, pero se corta abrupta y vuelven los Lagartija Nick con la venenosa “Disneyworld”, donde Codorniu simplemente centrifuga con su guitarra.

“Deja un minuto de aire”, indica Arias al técnico de sonido, antes de hacer mutis por el foro. Hasta esa sencilla orden se antoja poesía lorquiana

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Amaia Santana
Periodista, autora de haikus y loser influencer, cuando no se encierra en su batcueva se dedica a ir a conciertos y a ver la vida pasar. Garage, punk, rockabilly o pasodoble, no concibe la vida sin música ni café

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