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Bilbao se rinde a un gran Enrique Bunbury

Estaba claro que Bunbury era el cabeza de cartel de la Aste Nagusia de Bilbao en lo que a conciertos se refiere y por ello la cita se incluyó dentro de los actos del día grande bilbaíno. Todo hacía prever que iba a ser un bolo multitudinario pero, aún así, las previsiones se quedaron cortas y la actuación del maño se convirtió en una de las que más público ha conseguido reunir en el escenario de Abandoibarra en los últimos años (varios miles de personas). Para ser justos también hay que señalar que la del pasado viernes fue una de las mejores actuaciones de Bunbury que un servidor (que ha visto ya unas cuantas) ha podido disfrutar.

Todo hacía presagiar que la noche iba a ser especial. Desde primeras horas de la mañana algunos fans (con los que disfruté varios minutos de conversación) reservaban sitio en primera fila en el escenario situado junto al Museo Guggenheim. Parte de “Los Santos Inocentes” (banda que acompaña a Bunbury) más concretamente Álvaro Suite (guitarra) y Roberto Castellanos (bajo) salían de la prueba de sonido y tuve la oportunidad de saludarles. El conseguir la información acerca de la duración del concierto y del Set List que iban a ofrecer no hizo más que aumentar las expectativas del show incluido dentro de la gira “Mutaciones 2016”.

Faltaban dos horas para el inicio del concierto y ya el lugar estaba atestado de publico. Era complicado hacerse con una primera fila pero una segunda tampoco era mala opción para quien no quería perderse ni un solo detalle del espectáculo. Todos los asistentes preparados para una gran ocasión. Segovia, Santander, Irún, Elgoibar, Andalucía, Madrid… las procedencias eran muy diversas y todas hermanadas en torno a la figura del maño. Algunas personas habían viajado exclusivamente para asistir al concierto. Aunque para fans la chica embarazada de siete meses que estaba en primera fila (suerte que no muy lejos había un chico sanitario de Santander dispuesto a ayudar en caso de que fuese necesario). Una hora para el inicio. Ya nadie aguantaba sentado. Era importante afianzar la posición y no dejarse comer el terreno. La noche lo merecía.

Con una puntualidad más que agradecida comienza el show. Aparecieron en escena “Los Santos Inocentes” y un poco después lo hizo el maestro de ceremonias, Enrique Bunbury. Suena ‘Iberia sumergida’ y el respetable se viene arriba. Una forma rotunda de confirmar que el concierto iba a ser para recordar. Tras el primer tema el nombre de Bunbury resonaba en la noche bilbaína (tónica habitual durante todo el concierto). Y para que el ánimo no decaiga ‘El club de los imposibles’. Y si la segunda canción fue buena no lo fue menos la tercera en la que Bunbury se exhibió con ‘Dos clavos en mis alas’ tema que escribió para Raphael. Primer saludo de Enrique. El de Zaragoza estuvo continuamente interactuando con el público e incluso durante varios minutos (que a los miembros de seguridad seguramente se les hizo eternos) se subió a la valla y se inclinó sobre los fans como si fuese a caminar por encima de ellos. La verdad es que Bunbury estaba a gusto sobre el escenario y eso se notaba. Enrique es de esos artistas transparentes como pocos, tanto para lo bueno como para lo malo.

Dos horas de concierto, veintidós canciones. Un repaso a tres décadas de trabajo que incluyó siete temas de Héroes del Silencio (‘Sirena varada’, ‘El camino del exceso’, ‘Avalancha’, ‘Mar adentro’, ‘Maldito duende’ y ‘La chispa adecuada’) y las canciones más significativas de su carrera en solitario (‘Porque las cosas cambian’, ‘Que tengas suertecita’, ‘Puta desagradecida’, ‘El extranjero’, ‘Infinito’, ‘El hombre delgado que no flaqueará jamás’, ‘Despierta’, ‘Lady blue’). El único disco que quedó excluido fue “Radical Sonora” el primer trabajo tras los Héroes. Un trabajo que no le trajo a Enrique grandes alegrías aunque sí le sirvió como primer paso a romper con su anterior etapa musical (y estética).

Dos fueron los bises que ofreció Bunbury y cada uno de ellos con tres canciones. El primero de ellos con ‘Más alto que nosotros el cielo’, ‘El rescate’ y la ya mencionada ‘La chispa adecuada’ (himno de los Héroes con el que el grupo finalizaba los conciertos de la gira despedida de 2007). Con los segundos bises el ritmo disminuyó, canciones para ir bajándonos de donde Enrique nos había subido. ‘Los habitantes’, ‘De todo el mundo’ y ‘…Y al final’. Agradecimientos del maño y salida del escenario dejando a Los Santos Inocentes como protagonistas del final del espectáculo (Álvaro Suite a la guitarra, Jorge Rebenaque a los teclados, Quino Béjar a la percusión, Ramón Gacías a la batería, Rober Castellanos al bajo y Jordi Mena también a las guitarras).

Sin duda un verdadero espectáculo el ofrecido por Bunbury. A estas alturas son pocos los aficionados que se atreven a criticar (negativamente) que Enrique Bunbury tiene uno de los mejores directos del rock estatal. Treinta años sobre los escenarios han servido para definir una presencia inigualable en el panorama musical. En ocasiones parece que es Bowie, en otras Cohen e incluso en ocasiones el mismísimo Elvis. Del rock más ortodoxo a las influencias más fronterizas sin olvidarnos del soul o del vals… Todo ello tomando forma en la figura de un aragonés errante.

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Edu Gascón
Periodista y fotógrafo. Colaborador en ORPHEO y desde hace años en esta web. Subdirector y coordinador de contenidos.

Un pensamiento en “Bilbao se rinde a un gran Enrique Bunbury

  1. Hay una grave error en la crónica. No toco El Rescate sino que fue sustituida por Si. Otro periódico (Deia) comete el mismo error. El resto de la crónica completamente de acuerdo, un conciertazo.

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