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Bonzos: “Misión Suicida” (Family Spree Recordings)

Si ya había transcurrido más de una década desde la desaparición de la banda oriunda de Getxo Bonzos, en los últimos doce meses hemos asistido a dos muestras, en forma de publicación de sendos discos, de su regreso a la vida musical. Tras su reaparición con “Hagamos América punk otra vez”, en coincidencia con la onomástica de su debut hace veinte años, la confirmación ha llegado muy poco tiempo después por medio del reciente “Misión suicida”. Un ritmo de actividad creativa que revela tanto el espíritu estajanovista que exhibe el conjunto como la intención por no dejar escapar ese óptimo momento en el
que sin duda están inmersos.

La cercanía en la edición de ambos álbumes trae aparejadas, como es lógico, unas muy visibles similitudes. Las más obvias y representativas son las relacionadas con el establecimiento de una línea estilística que les sitúa como fieles adoradores de la escuela ramoniana, al igual que de sus descendentes y coetáneos, y la consolidación de una formación en la que a la novedad representada por Eneko C. Eskauriaza, al bajo, se suma el trío veterano compuesto por los miembros fundadores Juan Carlos Parlange e George Hernández además de la presencia de Álvaro Segovia, integrante en épocas pretéritas de los vizcaínos. Unos elementos comunes a los que se sumarán la presencia en los controles de Martín “Capsula” Guevara, las ilustraciones a cargo de Mario Rivière y la confianza en Family Spree como discográfica en la que apoyarse.

Pero si hay que definir a este trabajo, aceptando sin duda su tono continuista, no sería justo hacerlo describiéndolo como una mera repetición de esquemas y sí como un complemento a las composiciones que sirvieron para anunciar su regreso. Porque siendo el punk-pop el término que engloba con exactitud su idiosincrasia, en esta ocasión hay un ligero acercamiento al sesgo más melódico del concepto en detrimento del más crudo mostrado en su predecesor, pese a tener también aquí sus cuotas importantes de presencia. Una determinación que queda en evidencia desde la decisión de versionar el tema de Nacha Pop “Alta tensión” tanto como hacer lo propio con el “Situations” de Slaughter & the Dogs. Ambas encarnan ese nervio rítmico, en el caso de la adaptación de los madrileños orientada hacia un poso más melancólico mientras que en el de los ingleses resulta mucha más arrebatada, que acabará convertido en una seña de identidad común en el álbum.

Esa senda más pegadiza y menos descarnada que irá apareciendo y esparciendo colorido constantemente
a lo largo de las canciones dejará episodios diversos. Entre ellos destacarán el medio tiempo nostálgico pero rotundo que es “El nido del cuco”, la atmósfera más naif de “Punta Galea” o los estribillos pegadizos de “As del surf”. Piezas sonoras que, sumado al hecho de la consolidación del castellano como idioma de estos revividos Bonzos, estiran su legado influencial superando la omnipresente batuta de los Ramones hasta un continuo que reúne a los Nikis, F.A.N.T.A, Farmacia de Guardia e incluso La Granja.

Pero este “Misión suicida” no margina la cara más aguerrida de la banda, y pese a que pueda parecer en un primer acercamiento que queda algo relegada, consecuencia de esa mayor gama armónica, en verdad sigue adquiriendo un peso capital. Una faceta representada en la adecuación algo más “hardcoreta” y trotona de la nihilsta “Esta ciudad ha muerto” o de la descarada “Hombre bala”. El homenaje al héroe del skate Tas Pappas, apropiándose a la perfección de ese ansioso imaginario musical asociado a tal ambiente, y “San Genaro”, aunque menos urgente igualmente rasposa, certifican esa ración de nombres entre los que se encuentran Zeros, The Dictators o Dead Boys y que se manifiestan como influjo
complementario para el grupo.

Bonzos dejan claro con este segundo disco de su rentrée que dicha decisión no perseguía una anecdótica llamada de atención en busca de no ser olvidados, sino que lo suyo en verdad se trata de extender su carrera en el presente. Y no hay mejor manera de hacerlo que recurriendo a los ingredientes que les han definido y manejarlos con todas las ventajas que les aporta el mayor conocimiento derivado del paso del tiempo. El cuarteto nos habla sobre ídolos del asfalto, arrogancia punk, orgullo localista, mala vida, y todo regado con la efervescencia del amor juvenil y una trepidante energía que nos incita a participar de su historia felizmente de nuevo en pie. Posiblemente se trate de una misión suicida, pero precisamente esas son las que merecen la pena ser vividas.

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