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Crónica del concierto de Pájaro (Satélite T): Simplemente imprescindible

Todo el mundo debería ver, por lo menos una vez en la vida, a Pájaro. La tercera vez (segunda con banda) en un año que el sevillano pasaba por el Satélite T -el pasado el 24 de agosto- y disfrutamos como la primera. A lo largo de más de hora y media tuvo tiempo de repasar casi todos los temas de sus dos discos “Santa Leone” y “He matado al ángel”.

Esta banda tiene algo absolutamente magnético y, desde el primer acorde de la instrumental “Apocalipsis” te atrapan y ya no te sueltan hasta esa loca “Danza del sable” con la que terminaron un concierto que se desarrolló como una montaña rusa de sonidos. Y es que el día que a alguien le dé por encasillar la música de Pájaro lo va a tener realmente crudo, porque hace absolutamente de todo y todo bien.

Tal vez lo más reconocible es esa vertiente fronteriza donde destacaron temas como “Costa Ballena” o “Sagrario y Sacramento” o el spaghetti  western de “Ione”, “Luces rojas” o “Santa Leone”, donde la banda se muestra como un vendaval imparable de energía y como un equipo perfectamente coordinado, donde cada uno de sus miembros es imprescindible: la maestría a las seis cuerdas de Raúl Fernández (al que conocimos justo hace un año cuando actuó con el jefe en formato dúo), el complemento perfecto de Paco La mato en la otra guitarra y la base rítmica formada por un batería pegador y un extraordinario bajista, que disfrutaron de lo lindo,  sin olvidarnos de las intermitentes apariciones de Ángel Sánchez, que cada vez que aparecía en escena llenaba el escenario con el limpio sonido de su trompeta.

Otra marca de la casa de la música de Pájaro es la influencia en ella de la canción italiana, herencia de su época con Silvio y que pudimos disfrutar en “Guarda che luna”, “Viene con mei” y “Perchè”.

Aún así, no se limitan a ejecutar un sonido plano o encorsetado y así pudimos disfrutar a lo largo del bolo de ritmos rockabillys como en “El Padrino”, o psichobilly garagero en “TLP”, seguramente uno de los puntos álgidos del concierto; incluso se atrevió con el blues de “Las criaturas II”, el swing de “El pudridero” o incluso el doo wop de “Bajo el sol de media noche”.

Tampoco se olvidan de su faceta flamenca en “Palo Santo” o en su particular visión de la música del maestro Manuel de Falla en su “Danza del fuego”.

Otra de las grandes sorpresas de la noche llegó en uno de los… ¡tres bises! que hizo con la revisión del tema de Paco IbáñezA galopar”, basado en el eterno poema de Rafael Alberti.

En fin, que hubo de todo y todo bueno en el concierto de un artista y una banda que nunca nos cansamos de ver y que, en cada concierto, ofrece una lección magistral de polivalencia y poderío escénico cargado de energía.

Aparte de todo esto, da gusto la cercanía con que el artista sevillano interactúa con un público que siempre disfruta de su generosidad a la hora de subirse al escenario porque nunca se deja nada en el camerino.

Así que… ¡Muchas gracias Pájaro!, y  vuelve pronto.

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Sergio Iglesias
Actualmente soy redactor jefe del periódico local Santutxu y + y colaborador en la sección de música de la revista cultural Aux Magazine y también en El Giradiscos

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