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Hellsingland Underground: rock sureño surgido del frío

Mucho, y bueno, se ha escrito durante el pasado reciente sobre el rock llegado desde Escandinavia. Ahora, aquellas tierras parecen haber regresado a un cierto anonimato por lo menos en cuanto a ese tipo de sonidos se refiere. Una invisibilidad que sin embargo no supone que no existan ejemplos actuales dignos de resaltar con dicha denominación de origen. Concretamente desde Suecia llegan Hellsingland Underground, banda que durante la segunda mitad de este mes de enero estará en múltiples ciudades del Estado, incluida evidentemente Bilbao (26 de enero en el Stage Live), presentando lo que es su último disco hasta la fecha,“Understanding Gravity”.

De este sexteto queda delatada su procedencia desde su propio nombre, una diabólica alteración precisamente de la región de la que proviene su líder Charlie Granberg, Hälsingland. Una zona a la que regresaría tras pasar su juventud en Estocolmo, de donde se trajo la amistad de Mats Olsson y Patrik Jansson, integrantes de Maryslim, quienes junto a Martin Karlsson, Mathias Stenson y Peter Henriksson configurarían la piedra fundacional del conjunto. Un proyecto que pese a tener su residencia en frías latitudes nórdicas posee, por definirlo con un término descriptivo y genérico, el rock sureño como guía estilística, y no solo eso, sino una manera de practicarlo, por norma general, elegante, clásica y melódica, alejada de esos brutales riffs a los que nos tenían acostumbrados en los últimos años los actores provenientes de esa zona del mundo.

Su debut homónimo, en el 2008, ya confirmaba la buena adecuación a su entorno particular de todos esos elementos claves del ideario americano, ya sea en la asimilación de los ambientes campestres bajo pegadizo ritmo (“Ill Wind), delicadas interpretaciones folk (“Lost in the Woods”), bellos medios tiempos (“Child of Another Time”) y por supuesto sudor impregnado de ritmo boogie (“Ljusnan Riverside Jam”), todo regado por unas guitarras que miraban igualmente a Thin Lizzy como a The Allman Brothers. Primeros pasos que atestiguaban, al margen de su esmero y habilidad para dichos contextos,una buena acogida por parte del público. Un éxito que repuntaría -llevándoles hasta los primeros puestos de la lista de ventas de su país-en un siguiente capítulo, “Madness & Grace”, que mantendría esa ortodoxia referencial y a la vez un mayor acondicionamiento y estabilización de su propia identidad.

El posterior paso emprendido por la formación aparecería bajo el significativo título de “Evil Will Prevail”, que al margen del cambio en los teclados, Winnberg sustituyó a Stenson, contenía uno mucho más esencial. Consecuencia de la crisis nerviosa sufrida por su principal compositor Granberg, las canciones que contiene el álbum se convierten en el espejo de dichas frustraciones personales, sobre todo en su colisión con el paisaje social. Nombres como “Black Clouds on the Horizon”, “King of Nothing” o “Singing While the World Dies” eran lo suficientemente significativos como para ocultar un estado de ánimo reflejado además en su musicalidad, que sin abandonar sustancialmente el camino habitual oscurecía su manifestación, logrando un resultado global más taciturno, oscuro y menos directo pero a su vez de una gran riqueza, implementando así el registro hasta ahora conocido del grupo.

Esas nubes negras que se apoderaban de la mente del líder de la banda se iban a trasladar posteriormente tanto al entorno burocrático, acumulando suspensiones de giras y malos contratos con sus representantes, y luego al mismo proceso de elaboración del que es su último disco, y “excusa” para su actual gira, “Understanding Gravity”. La elección de un nuevo productor no consigue el resultado esperado, y la actitud de su teclista, Winnberg, no es la adecuada, lo que desembocaría en su salida, siendo sustituido por Thomas Pettersson . La manera de intentar encauzar esa deriva es meterse a grabar en un castillo del siglo XVI y retomar la colaboración con su productor de siempre, Martin Karlegård , que tras una relación intempestuosa traerá definitivamente consigo, por fin, el optimismo. El álbum, de un etéreo carácter conceptual, consigue aglutinar todas las facetas que el grupo ha ido espolvoreando a lo largo de su discografia para dar forma a su trabajo más identificativo. No faltarán los ritmos típicamente americanos, como deja claro el inicio con “Earths Gonna Shake”, pero estos se intercalarán, sin perder nunca su ADN, en una patente diversidad. Matices que vienen acompañados, entre otras cosas, por una complejidad instrumental, visible en una de sus manifestaciones más palpables, “Reincarnated the Same as I Ever Was”, o por una forma de interpretar recitativa que les hace sonar como Hold Steady en “No Regrets”. La desnudez folk de “How Lonely It Must Be Being You” se sumará a la evocadora y bella “Dizzy Jonsson & the Rovers” o al preciosista tono oscuro de “Sail on My Seasick Brethren” para representar ese lado más íntimo y emotivo.

Unas canciones, que añadidas a todas aquellas que conforman su biografía, son un aval más que consistente para acudir a uno de sus directos. Porque al margen de lo (relativamente) llamativo que pueda resultar dado su origen que transiten con tanta naturalidad por el acento tradicional del rock, su propuesta ya definitivamente está sujeta a unas características particulares, que también incluye una lírica digna de ser atendida, que han logrado no solo transportar el árido suelo estadounidense hasta el frío europeo, sino convertirlo entre sus manos en un ejemplar propio y admirable. 

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Kepa Arbizu
Periodista como demuestra en sitios mil, por suerte también en RIB, de donde es colaborador.

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