Rozando el lleno con dos bandas llamadas a las grandes ligas del pop rock vasco y estatal

Rozando el lleno con dos bandas llamadas a las grandes ligas del pop rock vasco y estatal

Crónica recibida desde la Oficina de Comunicación del Ayuntamiento de Bilbao.

Texto: Michel Goiri

Fotografía: Jon Goikuri

 

La base de ZELANDA fue construida por el músico Fran Urias. Tras muchísimos años dedicado al grupo Hesian y tras su disolución en 2020, trajo a su nuevo proyecto a la bajista Ane Bastida, compañera en Hesian. Con Ane llegó su hermano Iñaki. Así nace Zelanda.

Presentan su primer single «Amarena» que bien puede tener algo que ver con una frase de William Shakespeare: «ser o no ser, esa es la cuestión, morir es dormir y tal vez soñar». Emoción, nostalgia, profundidad y metáforas son las sensaciones musicales que aparecen en muchas ocasiones en este primer disco de Zelanda. Una excelente combinación entre Rock y Pop en euskera con una destacada base electrónica, para conformar un Pop Rock pleno de emotividad.

Zelanda.

El juego a dos voces entre el líder absoluto Fran Urias y María Ereña tuvo buenos momentos como en “Non geratu dira” y “Hemen naiz“ (este tema de Hesian, el anterior proyecto del vocalista. Junto a él sonaron otros dos como fueron “Guregatik” y “Behar zaitut”), con sus seguidoras/es muy dentro del concierto, palmas por aquí, coros por allá, felices…

Todo discurrió sin altibajos, sonando bien, sin fallos, profesional, muy profesional, como decía Pazos en Airbag. “Beltzetik ilunera” y “Txikia”, con toda su crew fiestera (se veía claramente quién lo era y quién no) desmelenándose en las primeras filas fue el colofón de lo ya citado, una actuación esperable dentro de los standares de lo que se degusta ahora en los ambientes más mainstream de la juventud más políticamente correcta, musicalmente hablando.

Zelanda.

Y vista su carta de presentación Zelanda estuvieron muy arropados en Bilborock en el primer concierto del jueves, alrededor de tres centenares de personas acompañándoles. Es digno de estudio social la evolución de lo que es el Pop – Rock vasco en las tres últimas décadas. Nada que ver entre ellas, con cambios que afectan al sonido, a la actitud y a lo que se pide a los grupos y, obviamente, lo que estos ofrecen. Atrás quedaron épocas de grupos peligrosos y conciertos inestables.

Hace treinta años era impensable ver un conjunto como este, con el nivel de profesionalidad, sonido y, posiblemente, ideas claras sobre a donde quieren llegar: a triunfar. Ahora sí, hay varios que quieren conquistar a ese público masivo y lo dan todo para conseguirlo. Con estas bases era impensable que Zelanda sonara de otra manera de la que sonó. Limpio, profesional, arropados por la gente que les gestiona la carrera musical y con la sensación de haber llegado en el local de estudio a esa velocidad de crucero con la que sólo se puede ir hacia adelante con convicción, sin ambages ni peros.

Zelanda.

De inicio las compactas “Iparra galdu” y “Amarena” nos mostraron a un grupo con las ideas claras, de haberse pateado muchos escenarios de Jaiak veraniegas intentado hacerse un nombre en el complicado mundo en que se ha convertido el Pop y Rock en euskera, donde hay una oferta variada en grupos pero que la mayoría tira de lo mismo. La sensación de estar escuchando a Ken Zazpi por momentos sobrevoló la sala pero eso gusta al público que sigue a Zelanda, sin temor a equivocarnos

SUPERCREMALLERAS se formó en 2019 en Gernika-Lumo. Tras varios conciertos, publicaron su primer disco llamado “Aviones con vértigo” en octubre de 2021, lleno de canciones Pop Rock con melodías pegadizas y letras vacilonas. Después de haber tocado por salas, plazas y festivales de la península a lo largo del 2022, han editado un nuevo trabajo largo con 10 nuevas canciones: “Arte moderno y amor eterno”, un trabajo que recuerda a esa época del Pop Rock estatal de los años 2000. Se proclamaron vencedores del Villasound Bilbao 2022 y lo tienen todo para pegar fuerte.

Supercremalleras cerraron la velada más comercial de lo que está siendo La Muestra de este 2023. Porque está claro que su sonido, sus canciones, su estética y su actitud apuntan a una dirección clara: vender discos para hacerse un nombre y formar parte de la escena más conocida en los medios (jocosamente ya lo avisan en alguna camiseta de su merchandising, “Yo vi a Supercremalleras en el Azkena antes de que se hicieran famosos”. No hay más preguntas, Señoría…).

Supercremalleras.

Con una estética muy Tequila (salvo el guitarrista, un émulo de Freddy Mercury) el cuarteto, con un ropaje de escenario simétrico, comenzó dando mucha cera con “Startocaster fiesta”, haciendo honor al nombre de la canción, festiva, rápida, intensa, empezaba bien la cosa. Seguidoras/es felices, aquí hemos venido a pasarlo bien, como los Hombres G. El Punk Pop de fácil asimilación empezaba a asomar la patita en “Ya” y las guitarras abrasivas de “El Puzzle” junto al el conato de Hard Rock de “Politono” nos hacían pensar en que, si seguía por ese camino, el concierto iba a acabar muy arriba.

Supercremalleras.

Pero hubo un momento en que la furia y el desparpajo juvenil frenó abruptamente. “Mis amigos y tus amigas” lo cambió todo. Pasamos de cierta agresividad guitarrera a otro registro. Fue como si hubieran entrado en la sala Dani Martín y Pignoise de la mano. Otra historia, que también mola a su gente, no hay problema. Así el jolgorio no cambió, todo el mundo pasándoselo pirata, tanto que incluso asistimos a la extraña ceremonia de tirar púas al público sin este pedirlo (feo es que si una seguidora te la pide casi a la mano, se tire en otra dirección sin mirarla, innecesario y mal hecho, pero bueno, errores de juventud).

El público, de nuevo, casi llenó BilboRock.

Con “Generación del 27” ya la masa de incondicionales entró en trance. El himno, según ellos, de “los supervivientes del Rock” (ya sabemos quienes murieron a los 27 años, no queremos debatir si la comparación es un poco osada porque lo tenemos claro), pero es que para ciertas generaciones el Rock tiene diferentes puntos de partida. “Gominolas” cerraba su actuación y los cerca de tres centenares de asistentes se marchaban felices. Se lo habían pasado bien, Supercremalleras ofrece un muy buen rato sin más pretensiones y cumplieron con su cometido.

 

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