José Ignacio Lapido: «La creación artística y científica es la forma suprema de la humanidad»

José Ignacio Lapido: «La creación artística y científica es la forma suprema de la humanidad»

Del mismo modo que el paso del tiempo, o la distancia, no son obstáculos que mermen la relación afectiva entre ciertas personas ligadas por una atadura emocional fuerte, el lustro que ha habido que esperar para poder acercarnos a un nuevo disco de José Ignacio Lapido solo ha conseguido incrementar las ganas de degustar su nuevo repertorio. Un disco, «A primera sangre» (Pentatonia Records, 2023), que en realidad no está necesitado de acicates externos, ya que tiene en su propio contenido su efecto llamada principal.

Arropado por su banda habitual, si exceptuamos la guitarra de Víctor Sánchez (presente eso sí en los conciertos), las once composiciones registradas bajo el ojo y la mirada talentosa de su teclista, Raúl Bernal, conforman uno de los episodios discográficos paridos por el granadino de mayor plenitud. De ahí que este 20 de mayo, pese a ser sábado, se ha teñido de rojo para quedar registrada como una fiesta de guardar, en este caso dedicada a la liturgia del mejor rock. Auspiciada su llegada por la siempre incansable y implicada labor de WopMusic, el Kafe Antzokia bilbaíno será el lugar de una cita que promete talento y emoción, además de brindarnos una inexcusable oportunidad para hablar con el propio José Ignacio Lapido.

La grabación de un nuevo disco con 091 y las restricciones consabidas por la pandemia han demorado la salida de tu álbum, pero, y viendo el resultado tan espectacular conquistado con él, ¿crees que ese parón obligado te ha venido bien para recargar la inspiración sin la presión de cumplir ciertos ritmos?

Puede ser, pero lo cierto es que nunca, al menos en mi carrera en solitario, he tenido esa presión por cumplir fechas para la salida de un disco excepto las que yo mismo me impongo. Es una de las cosas buenas de autogestionar tu discografía. Me meto en el estudio cuando creo que hay una buena colección de canciones dignas de ser grabadas. En este caso, es verdad, puede parecer que ha pasado mucho tiempo, pero en realidad son tres discos los que he hecho desde 2017, dos míos y uno de los Cero. Tampoco está mal. Y el resultado ahí está. “A primera sangre” se encuentra muy muy cerca del ideal que tenía en la cabeza antes de grabarlo, eso es todo un logro para mí y para todos los que han participado.

A la hora de componer una canción, ¿sabes de antemano que se trata de un tema que irá para 091 o para tu proyecto personal o eso es algo que la propia canción te va indicando?

No hago distingos. La canción va surgiendo y luego depende de si la idea es hacer un disco para mí o para los Cero. Si toca uno de los Cero la adapto a la tesitura de José Antonio y todos los demás colaboran en los arreglos. Si toca en solitario, lo trabajo previamente yo solo con el productor, que en este caso ha sido Raúl Bernal. Pero no tengo dos departamentos en mi cabeza que funcionen independientemente.

El disco personalmente me suena instrumentalmente impecable, lleno de matices pero sin ningún momento saturar las canciones, ¿facilita que la banda que te acompaña lleve tanto tiempo a tu lado y que la producción corra a cargo de uno de ellos, Raúl Bernal, de cara a sentirte más arropado a la hora de trabajar a fondo los temas?

El trabajo de Popi, Jacinto y Raúl ha sido extraordinario. Hicimos muy pocos ensayos previos antes de meternos en el estudio, apenas seis o siete sesiones para controlar las estructuras básicas, los principios y los finales, pero hablamos mucho de cómo queríamos que cada canción sonara. Lo teníamos más en nuestras cabezas que en la práctica. Incluso las partes solistas de guitarra yo las desarrollé en el estudio. Antes, en el local, apenas usé la guitarra eléctrica. Sólo les enseñaba acordes y transiciones con la acústica. Luego, el resultado, cuando todos tocamos juntos en el estudio lo que teníamos en la cabeza fue muy sorprendente para todos. Estas cosas no ocurren siempre así, pueden acabar mal, pero la varita de director de Raúl y nuestra experiencia de tocar juntos tantos años jugaron a nuestro favor.

Para esta grabación has prescindido de la participación de Víctor Sánchez y te has encargado tú de las guitarras, ¿sentías que habías descuidado algo esa faceta tuya como instrumentista en tus discos?

No exactamente descuidado. Yo he tocado guitarras eléctricas y acústicas en mis últimos discos, pero digamos que me había relajado un poco. Víctor es un guitarrista excelente, pero para esta grabación estuve pensando que debía de dar un plus en mi personalidad como artista que canta, compone y que es guitarrista. Mi estilo guitarrístico es una parte importante de mí mismo como músico y creí que lo adecuado era hacerlo yo solo, como en mis primeros discos en solitario, aunque tuviera que sacrificar las aportaciones, siempre valiosas, de Víctor. En cualquier caso, él está en la banda y en la gira con su habitual entusiasmo.

¿Y crees que en el resultado final se refleja el hecho de que te hayas encargado tú de las guitarras y no él?

Creo que se nota porque esa era la idea. Que mi personalidad como guitarrista apareciera como una de las señas de identidad del disco. Las partes solistas, las rítmicas, los sonidos, las texturas…. Todo eso forma parte intransferible de cada instrumentista, y las que hay en el disco son las mías propias. Como te he comentado, soy compositor, cantante y guitarrista y quería que esos tres aspectos sobresalieran.

El blues siempre ha estado muy presente en todo tu imaginario, en esta ocasión “Malos pensamientos” recoge ritmos muy ligados al género, ¿qué características encuentras en el blues que te seduzcan para tu música?

El blues es el inicio y origen de todo. La mayor parte de la música popular del siglo XX viene de ahí, es lógico que los músicos que nacimos en esa época y nos criamos musicalmente con músicas derivadas del blues tengamos esa impronta. Ahora se ha perdido en gran medida. Desde mediados de los 80, con el techno, los nuevos románticos y todo aquello, la influencia del blues fue apagándose hasta casi desparecer, y el amaestramiento comercial de r’n’b americano, más dirigido a las coreografías y al music hall de baratillo fue una desgracia. Los músicos jóvenes ingleses, en los 60, fueron los que rescataron el género y lo popularizaron en su país de origen, EEUU. Fue como los cantes de ida y vuelta. Cuando llegaron allí en el 64 los Animals, los Yarbirds, Los Stones o los Cream tocando canciones de Skip James, Howlin´Wolf, Slim Harpo o Muddy Waters ante audiencias de quinceañeros, fue como un redescubrimiento de su propia tradición. Se preguntaban qué coño era eso que sonaba tan primitivo y atrayente. Era la música de su propio país reinterpretada por jóvenes rubios venidos de Londres, Liverpool o Newcastle. Yo soy un enamorado del blues, no puedo decir otra cosa.

Un tema como ”Creo que me he perdido algo” tiene en su sonido una raíz casi latina, en el sentido que podría hacer Santiago Auserón o Radio Futura, ¿esos ritmos poco habituales en tu discografía surgen espontáneamente o uno se sienta a intentar experimentar?

Es una canción que nació a partir del riff de bajo y guitarra. Todo lo demás fue hablarlo con Popi, el batería, que es un gran conocedor de ritmos antiguos y supo darle ese toque bailable en el sentido antiguo de la palabra, con cadencia “latina”. Luego al mezclarlo con escalas de guitarra de sonoridades psicodélicas la canción quedó como muy de la Costa Oeste, que ya hicieron experimentos así de mezclar ese tipo de ritmos con folk o psicodelia: Los Byrds, Crosby Still & Nash, los War de Eric Burdon o el mismo Santana al principio. El piano eléctrico que toca Raúl le da también un toque muy a los Zombies de Rod Argent.

Muchas veces se tiende a exigir a un creador que se encuentre en un constante cambio, en un perenne estado de evolución, teniendo en cuenta que tu música se rige bajo parámetros muy definidos y sujetos a pocos cambios estructurales, ¿cómo valoras ese reiterado llamamiento a abandonar la zona de confort creativa?

Yo no lo llamaría zona de confort, yo lo llamaría estilo propio, algo buscado durante años de carrera, construido con las influencias que me han marcado a lo largo de las décadas. En arte, cualquiera que crea que ha inventado la pólvora anda bastante perdido en la ignorancia. Todo viene de una tradición, lo que no quiere decir que también andemos liados siempre en la búsqueda de nuevos caminos o desvíos, de darle vueltas de tuerca al mismo tornillo. En música pasa igual, y en música popular aún más, las estructuras rítmicas y melódicas que pueden parecernos novedosas nos acompañan desde hace siglos. Los instrumentos y las sonoridades sí pueden ser nuevos. Pero a mí, lo que realmente me importa es que la canción sea pluscuamperfecta, o al menos que se acerque a la perfección. Eso es lo que va a permanecer toda la vida, no el sonido de organillo o de sintetizador o de ukelele que le metas al tema. La melodía, el ritmo y la letra: ese es el quid de la cuestión, y en eso es donde hay que echar el resto.

Tus letras han conseguido un carácter muy particular e identificativo bajo unas premisas muy marcadas, ¿cuánto hay en esa escritura de espontaneidad y cuánto de trabajo de orfebrería y todo un proceso de cincelarlas?

No sabría cuantificar el tanto por ciento. Unas canciones salen con más facilidad y otras cuesta más darlas por acabadas. En mi cabeza, al inicio del proceso, digamos que hay un magma de imágenes, frases, ideas inconexas y palabras. Poco a poco se va aclarando el horizonte y llega un momento en que hay que poner orden en eses caos y entonces sale el oficio de escritor, de domador de palabras. Saco el látigo imaginario y las fieras van adaptando su posición ideal: ya sé lo que quiero decir en cada canción, cómo voy a estructurar las estrofas, empiezo a medir sílabas, hacer que rimen los versos y a tener extremo cuidado de que no haya ripios. El oficio y el talento van de la mano. Es una profesión que llevo haciendo más de 40 años. Autoexigencia y disciplina.

Varias de las canciones muestran ese pequeño reducto de felicidad como consecuencia de aceptar la muerte o de no sobredimensionar las esperanzas… ¿es necesario aprender a aceptar la derrota como previo paso a una parcial felicidad?

Perdón por auto citarme, pero en una canción mía de hace años decía: “Tomaremos el fracaso domo punto de partida y el amor como dogma de fe”. Creo sinceramente que la vida es una sucesión de tormentas, vendavales y huracanes, pero entre unos y otros hay momentos de calma y sosiego por donde los rayos de sol penetran por las nubes más negras. Merece la pena aguantar el vendaval para contemplar extasiados esos breves instantes de felicidad.

En “Creo que me he perdido algo” retratas un escenario de felicidad pero siempre pendiendo de un hilo y bajo la maldición de la desgracia, ¿crees que todo el tema de la pandemia nos ha enseñado en toda su dramática dimensión la fragilidad a la que estamos sometidos?

Somos la primera generación en este país que no ha vivido una guerra, que puede ser considerada la mayor de las desgracias en la vida de una generación. La pandemia estaba lejos de parecerse a los desastres de una contienda armada pero nos acercó a un tipo de sufrimiento generalizado al que no estábamos acostumbrados. Las bajas fueron numerosísimas y el dolor que causó todavía se siente entre nosotros. Como te he dicho antes, la felicidad es un instante luminoso y cierto que te puede deslumbrar unos segundos, pero la vida es larga y sabemos que nos esperan periodos de oscuridad. De la forma que cada uno asuma esa verdad dependerá su estado de ánimo y su visión de la vida.

En “Uno y lo contrario” cantas versos como: “Buscamos el remedio que nos acabará matando” o “la verdad es faro y es naufragio”; ¿hacer el tipo de canciones que tú realizas tiene más de salvación o de maldición?

Pues… no sabría qué hacer si no hiciera canciones. Tal vez escribiría otro tipo de cosas o pintaría. Algo creativo sin duda. Pero soy músico y aplico mis dotes para la escritura en las canciones, que son un género en sí mismo. Tienes que saber resumir un estado de ánimo, una vivencia o una visión del mundo o de la vida en tres minutos y medio. Tres estrofas y dos estribillos. No es fácil, pero se consigue. Al principio, cuanto tengo una melodía que creo que merece la pena sufro por mi temor a que la letra no esté a la altura. La mayoría de las veces he de cavar muy hondo para encontrar la veta de oro que me permita dar con los versos adecuados que hagan honor a las notas que suenan en la guitarra. Es un proceso agónico pero al final, muy satisfactorio.

“Nadie en su sano juicio” es la canción más política del repertorio, y en ella da verdadero pánico comprobar el carácter irracional que domina la naturaleza de aquellos que ostentan el poder…

La manipulación de la realidad es una constante histórica que el poder con mayúsculas ha utilizado para someter a la gente. La manipulación del lenguaje, reduciéndolo a frases hechas vacías de contenido… En esta canción hago un repaso a distintas formas de irracionalidades con un punto de sarcasmo e ironía. ¿Quién está más loco, el que se cree Napoleón o el ministro que promete que va a arreglar todos los problemas del país con una varita mágica?  ¿Quién está más alejado de la realidad, el que va hasta arriba de opiáceos o el que necesita un libro de autoayuda para manejarse por la vida? 

Una vez leí decir a Josele Santiago, con respecto a la canción “Septiembre”, que no dejaba de ser curioso el hecho de que alguien cante sobre temas duros, como el suicidio, y que eso derive en la algarabía y la felicidad del oyente;  siendo tú alguien que también aborda esa crudeza en ciertas letras, ¿cómo observas esa supuesta paradoja de a través de ellas generar, sobre todo en el ámbito de un concierto, un ánimo festivo?

Es una constante en el arte que temas oscuros, trágicos, dramáticos y penosos provoquen en el espectador sensaciones placenteras. Los museos están llenos de pinturas en las que parecen martirios, fusilamientos, decapitaciones, crucifixiones… y todos nos quedamos extasiados contemplando esa belleza. En la música pasa algo parecido. Tú estás dando rienda suelta a tus pesadumbres y a tus paranoias y el espectador se lo toma como una incitación al baile y al desenfreno. Está bien que así sea. Una tragedia griega o de Shakespeare en la que muere hasta el apuntador… la gente al final se levanta de sus asientos y aplauden felices. La paradoja del arte.

La poesía, el teatro, el rock and roll, todas disciplinas a las que siempre se tilda de estar en estado crítico y de haber roto el lazo de unión con las nuevas generaciones, no sé hasta qué punto compartes ese análisis, y de ser así, ¿cómo afronta la situación alguien que se dedica a uno de esos artes a los que se empeñan en tildarlo de moribundo e incapaz de encontrar regeneración entre su audiencia?

La poesía y el teatro llevan con nosotros desde el inicio de los tiempos. Decir que están en crisis es un clásico pero no hay quien pueda creerse que ambas formas de arte pudieran desaparecer. Es imposible porque son dos manifestaciones de nuestra propia humanidad. La creación artística y científica es la forma suprema de la humanidad. En cuanto al rock’n’roll, es una variante de la música popular, nacido a finales de los años 40 del siglo pasado que tuvo un momento de esplendor máximo en los 60 y 70 y que ahora no está en la cumbre de su popularidad, pero… a quién le importa. Hay decenas y decenas de artistas nuevos y veteranos que siguen dando conciertos memorables y editando discos geniales. Debemos aprender a disfrutar de la música apartando consideraciones externas como el éxito pasajero, la visibilidad mediática o el sesgo generacional unido a la primera juventud. Eso se lo podemos dejar a los géneros pasajeros de moda.

Llevabas varios años sin pisar un escenario defendiendo tu propio proyecto, ¿está siendo esta gira especialmente emocionante en esta especie de reencuentro con tus seguidores?

Bueno, durante la pandemia, en los meses que era posible por el levantamiento parcial de restricciones, di conciertos yo solo o con Raúl, en formato acústico reducido. Con la banda completa es cierto que desde 2018 no subíamos a un escenario juntos. Realmente es una bendición poder volver a tocar las viejas canciones y las nuevas del último álbum los cinco juntos. Hasta ahora hemos hecho cinco conciertos y la cosa va muy rodada desde el principio, hay complicidad, camaradería y mucho rock. No puedo pedir más.

* Fotografías: Nacho García González. 

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